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«Café en el cielo»: John Agard; poema para los fanáticos del café


«Café en el cielo»: John Agard; poema para los fanáticos del café.




Café en el cielo (Coffee in Heaven) es un poema del escritor británico John Agard (1949- ), publicado en la antología de 2009: Himno alternativo: poemas escogidos (Alternative Anthem: Selected Poems).

Café en el cielo es, sin dudas, el mejor poema para los fanáticos del café.

De acuerdo a la visión de John Agard, existe una clara diferencia entre el saludable y estéril descafeinado que se sirve en el cielo, y el fuerte, aromático y exquisito espresso que Satanás disfruta en el infierno.



Café en el cielo.
Coffee in Heaven, John Agard (1949- )

Serás recibido
por una buena taza de café
cuando llegues al cielo,
y cadenas de angelical armonía.

¿Pero no te sentirías devastado
si sólo sirven descafeinado,
mientras que desde las cafeteras del infierno
tu alma es asaltada por el fresco
aroma del espresso de Satanás?


You'll be greeted
by a nice cup of coffee
when you get to heaven
and strains of angelic harmony.

But wouldn't you be devastated
if they only serve decaffeinated
while from the percolators of hell

your soul was assaulted
by Satan's fresh espresso smell?


John Agard (1949- )




Poemas góticos. I Poemas ingleses.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de John Agard: Café en el cielo: poema para los fanáticos del café (Coffee in Heaven), fueron realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas


El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas.




El universo de las criaturas fantásticas está repleto de lenguajes, dialectos e idiomas imposibles de articular; por ejemplo: la Lengua Adánica, aquella utilizada por Adán y Eva; el Senzar, la lengua de Dzyan; el Voynichés, descrito en El manuscrito Voynich; el Enoquiano, el idioma de los ángeles, el Transitus Fluvii, el lenguaje de las brujas. Hasta los vampiros tienen su propio idioma.

A pesar de esta abundancia de idiomas mágicos no existe un solo libro, ensayo o estudio serio dedicado específicamente al lenguaje de las hadas.

Esto resulta sumamente sospechoso, sobre todo cuando lo que sí existen son empalagosos tratados que explican cómo ver a las hadas, por ejemplo, o sobre cómo preguntarle a las hadas algún asunto de capital importancia, sin brindar en el proceso ninguna información acerca del lenguaje, dialecto o idioma en la que esas preguntas deberían ser formuladas.

Aún si dejamos de lado aquellos libros de dudosa erudición también deberíamos descartar a escritores admirables, como el poeta inglés William Blake, que aseguró haber asistido al funeral de un hada, o W.B. Yeats, quien en su obra: El crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore) ofrece suculentos testimonios acerca de las costumbres de las hadas sin añadir una mísera palabra de su lenguaje.

Peor todavía es el caso de Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas sin hablar el idioma; o de Dora van Galder, autora de un desabrido opúsculo titulado: El mundo real de las hadas: una experiencia en primera persona (The Real World of Fairies: A First-Person Account), saturado de anécdotas autorreferenciales pero ausente de comentarios acerca del lenguaje de las hadas.

En este sentido, lord Dunsany, aquel entrañable acosador de seres mágicos, zanjó la cuestión al especular que los secretos de ese idioma inmemorial se transfieren únicamente cuando un hada se enamora de un hombre mortal, resolviendo de este modo un asunto que viene perturbando a los filólogos desde el Renacimiento.

Lo cierto es que, de acuerdo a la tradición, las hadas se comunican con los seres humanos utilizando nuestro lenguaje. Esto no se debe a que prefieran mantener oculto su idioma, sino a la dificultad que supone para cualquier ser humano aprender los extraordinarios matices de esa lengua.

Curiosamente, tanto los dialectos regionales como aquella lengua franca de las hadas no son difíciles de aprender debido a su complejidad, sino a su increíble simpleza: el lenguaje de las hadas está construido a partir de una mirada personal del mundo, de una subjetividad, y que por lo tanto nos es inaccesible.

Cada una de las razas y especies de hadas tienen su idioma propio, aunque prevalece una especie de lengua común para comunicarse entre las distintas ramas de la familia.

De hecho, podríamos decir que el idioma de las hadas no es una serie de sonidos articulados que refieren, por ejemplo, a un objeto, una emoción o un concepto; es decir, no tiene la intención de transmitir un significado único, colectivo y fácilmente transferible, sino más bien de centrar la atención del otro sobre la propia subjetividad del hablante.

Esto significa que hay tantas palabras para árbol en el lenguaje de las hadas como hadas que pronuncien la palabra árbol.

Algunos estudiosos opinan que cuando las hadas abandonaron nuestro plano de existencia se llevaron consigo los secretos de su lengua. Otros, en cambio, opinan que esos secretos están abiertos únicamente para los híbridos entre las dos razas: los Changeling, hijos de las hadas criados por mujeres humanas.

Pero si tomamos como punto de referencia a las leyendas de hadas, hay que decir también que estas criaturas pueden hablar perfectamente cualquier idioma humano; sobre todo debido a que buena parte de la comunicación se establece de forma telepática. Al parecer, entre las hadas esto es simplemente un refuerzo del lenguaje emitido verbalmente, pero a la hora de comunicarse con los humanos solo emplean este canal.

Esto explica por qué el lenguaje de las hadas tiende a la economía, a la simpleza, precisamente porque se ve reforzado por la transmisión telepática de los mismos conceptos que desea proyectar. En otras palabras, es mucho más fácil referirse a un árbol en particular si, además de articular la palabra árbol, podemos transmitir su forma, tamaño y características de manera telepática.

Ahora bien, si pudiésemos anular por completo las imágenes transmitidas telepáticamente, el lenguaje de las hadas consistiría enteramente de verbos. De hecho, cualquier frase en el idioma de las hadas es una secuencia de verbos que prescinden de la gramática y la sintaxis tal como las conocemos.

Cada uno de esos verbos está conectado a una imagen, la cual es transmitida telepáticamente y, en consecuencia, modifica el carácter genérico del verbo para transformarlo en una representación subjetiva, algo que resulta mucho más específico y elocuente que cualquier palabra articulada en una lengua humana.

Las palabras de las hadas son simplemente acciones atadas a una idea, una imagen, una perspectiva propia, singular e irrepetible. De tal manera que, al decir árbol —para seguir fatigando con el mismo ejemplo—, las hadas además transmiten la perspectiva singular desde la cual están percibiendo y experimentando ese árbol, es decir, la acción de la experiencia, tanto desde el plano físico como desde el retórico.

Si solo pudiésemos escuchar las palabras en el lenguaje de las hadas, sin contacto alguno con las imágenes transmitidas de forma telepática, su discurso nos resultaría totalmente incomprensible. No tendríamos ni la más ligera noción de lo que están hablando.

Las imágenes transmitidas a través del pensamiento, las cuales no son estáticas sino notablemente flexibles, son las responsables de esclarecer el mensaje articulado. Podemos pensarlo como un archivo adjunto enviado por correo que clarifica el texto y le da una fisionomía singular.

Esto explica porque Yeats, Dunsany, Blake, y tantos otros indiscretos acechadores de hadas, pudieron dar cuenta de sus costumbres, tradiciones, pero no de su lenguaje.

Del mismo modo, para cualquier humano sería imposible hablar el idioma de las hadas, justamente porque carecemos de las herramientas necesarias para adjuntar las imágenes correspondientes a las palabras articuladas. Uno podría repetir exactamente las mismas palabras dichas por un hada y resultar perfectamente ininteligible para ella.

En este punto debemos suponer que, al menos para los estándares de las hadas, nuestra capacidad telepática es extremadamente pobre.

Consideremos por un momento que las hadas no envían sus representaciones telepáticas de forma aislada o segmentada, sino que todo lo que piensan, todo lo que imaginan, todo lo que sienten a medida que hablan, se transmite sin ningún tipo de filtro.

Si nosotros tuviésemos las mismas capacidades comunicativas que las hadas, es decir, si todos pudiésemos saber exactamente qué piensan, imaginan y sienten los demás, probablemente sufriríamos un duro golpe a nuestra autoestima, como mínimo.

Por su propia estructura es imposible escribir en el lenguaje de las hadas; de manera tal que no hay libros ni registros escritos por ellas mismas. Sencillamente no tendría ningún sentido. No obstante, algunos exegetas aseguran que las hadas registran su historia imprimiendo sonidos musicales e imágenes sobre ciertos objetos —piedras, telas, anillos—, que los humanos consideran mágicos.

Lo mismo hace el artista que imprime sus ideas en sus textos, pinturas, o sobre cualquier otra expresión artística; aunque de forma mucho menos eficiente.

Aquellos que realmente logran cargar a sus obras con sus propias emociones normalmente logran un efecto demoledor en su público. Básicamente son aquellas canciones que nos emocionan, los libros que podríamos releer una y mil veces, los cuadros que sencillamente no podemos dejar de ver.

Las impresiones dejadas por las hadas, por su parte, son mucho más intensas, más vívidas y genuinas. Se desenrollan en nuestra imaginación como un largo pergamino, se abren a nuestra consciencia con toda clase de formas, colores y sensaciones.

La literatura —humana, al menos— es muchas cosas a la vez, y la menos importante de todas es belleza de las palabras que el escritor elige. También está cargada de imágenes que el autor imprime de forma más o menos laboriosa y que el lector reinterpreta de acuerdo a su propia imaginación. Quizás por eso algunos grandes autores, como Chaucer y Shakespeare, se jactaban de haber aprendido de las hadas.




Mitología comparada. I Más sobre Hadas.


Más literatura gótica:
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Telepatía animal: tu mascota sabe exactamente lo que estás pensando


Telepatía animal: tu mascota sabe exactamente lo que estás pensando.




La Telepatía Animal es un concepto que ha ido ganando mucho terreno en los últimos años, aunque no es una novedad realmente. Desde siempre, se creyó que el vínculo entre las mascotas y sus dueños iba más allá de la comunicación no verbal, algo que, por cierto, los animales domésticos manejan e interpretan a la perfección.

Todos conocen la superstición del gato negro, es decir, que traen mala suerte si uno de ellos se cruza en nuestro camino; lo que pocos saben, sin embargo, es que originalmente estos animales eran perseguidos debido a que se les atribuía la capacidad de anunciar la muerte de sus dueños.

Este es apenas uno de los tantos ejemplos de supuestos poderes psíquicos de las mascotas.

En este punto es importante separar la Telepatía animal de la comunicación no verbal.

Muchas mascotas pueden predecir fácilmente el comportamiento de sus dueños. Esto es posible debido a que los animales domésticos registran nuestros hábitos, costumbres, movimientos, de manera tal que les es posible imaginar lo que haremos a continuación. De ahí que todos ellos —perros y gatos incluidos— sepan perfectamente que se aproxima el momento de ir al veterinario, por ejemplo, o que el hogar en el que viven recibirá la visita de un amigo o un familiar.

Del mismo modo, las mascotas pueden tener una idea bastante acabada de cuál es el estado emocional de sus dueños —tristeza, depresión—, e incluso su estado de salud —dolor físico, enfermedad—, algo que adquirió notoriedad a través de uno o dos casos celebérrimos, como el de Oscar: el gato que precedía la muerte y que fue «adoptado» por Stephen King.

No obstante, esto prescinde por completo de la Telepatía Animal, y se inscribe dentro de los parámetros de la comunicación no verbal. Tu perro o tu gato pueden saber si estás triste sin leer tus pensamientos.

En otras palabras: la Telepatía Animal sirve para explicar casos que, de otro modo, resultan totalmente inexplicables; por ejemplo, cuando una mascota parece saber, o sentir, que su dueño ha sufrido un accidente, o incluso que ha muerto, en un lugar distante. En términos estadísticos, existen más de 50.000 casos documentados de experiencias que parecen probar este tipo de fenómenos.

Dentro de esta cifra global, se ha podido estudiar el comportamiento de las mascotas en relación con la muerte de sus dueños. De este modo, sabemos que los perros responden de forma diferente a la ausencia prolongada de sus dueños que a su muerte.

Ante la ausencia de sus dueños, los perros aúllan, se lamentan, y emiten quejidos de baja frecuencia; básicamente los mismos que emiten los cachorros en ausencia de sus padres. Por otro lado, frente a la muerte de sus amos, aún en sitios distantes, más del 95% de los perros reaccionan emitiendo el más profundo y elocuente silencio, seguido de un estado de absoluta inmovilidad, que puede prolongarse durante días, e incluso semanas.

Los gatos, por su parte, muestran signos de estrés bastante similares. Se rehúsan a comer, y prefieren pasar las horas escondidos en algún sitio seguro. Del comportamiento de los animales cuyos dueños han fallecido acaso procede la idea de que los gatos y perros pueden ver a los espíritus.

Uno de los primeros ensayos acerca de la Telepatía Animal fue escrito en 1919 por el naturalista William Long, quien logró determinar que algunas manadas de lobos podían predecir con enorme eficacia la muerte de un miembro del clan rival, incluso cuando el deceso ocurría muchos kilómetros por fuera de los rangos olfativo y auditivo de estos animales.

Del mismo modo, el investigador A.E. Powell, en su obra Telepatía o mecanismo de la transmisión de pensamientos (The Mechanism of Thought-Transference), realizó un interesante estudio mediante el cual estableció que la Telepatía Animal también funciona de manera inversa, siendo los dueños —más precisamente el 40% de este grupo— los que pueden saber que sus mascotas han fallecido aún estando lejos.

En este sentido, los dueños vinculados emocionalmente con sus mascotas suelen soñar con animales con mayor frecuencia que aquellas personas que no tienen animales en casa. Del mismo modo, la tasa de sueños telepáticos aumenta considerablemente en el primer grupo.

Ahora bien, el vínculo entre el humano y su mascota no se cierra abruptamente con el fallecimiento de uno de los dos, sino que puede continuar a lo largo del tiempo. Mucho se ha escrito sobre el alma de las mascotas muertas, y buena parte de ello podría explicarse con la teoría de la Telepatía Animal. En este sentido, uno de los estudios más interesantes al respecto ha sido publicado con el título: Mascotas fantasma: encuentros con animales más allá de la tumba (Pet Ghosts: Animal Encounters from Beyond the Grave).

Los amantes de los animales que tengan una mascota en casa saben que estos aprenden rápidamente a reconocer patrones de comportamiento.

El ejemplo más común es el perro o el gato que, a determinada hora, se ubica cerca de la puerta de entrada a esperar que su dueño, o un miembro importante de la familia, regrese a casa. Este tipo de comportamiento es notablemente preciso, como si la mascota contara con una alarma interna que le permite, entre otras cosas, establecer la hora y el momento indicado para montar guardia.

Aquí, sin embargo, la Telepatía Animal sencillamente no aplica, ya que se trata de un patrón que la mascota ha podido establecer de acuerdo a la regularidad con la que su dueño llega a casa todos los días. Sin embargo, el 38% de los perros, y casi el 55% de los gatos, son capaces de ejecutar un comportamiento todavía más asombroso.

En la década de 1920, William Long realizó un experimento muy interesante, que luego sería ampliado por otros investigadores, arrojando siempre un porcentaje de acierto similar: al parecer, algunas mascotas no solo se sientan cerca de la puerta en la hora aproximada en la que sus dueños llegarán a casa, sino que se establecen allí con bastante tiempo de anticipación.

Esto, que al principio fue tomado como evidencia de un patrón aprendido, reveló una faceta insospechada del comportamiento animal. Muchos perros y gatos montan guardia cerca de la puerta no cuando sus amos están por llegar, sino en el momento exacto en el que estos se disponen a emprender el regreso a casa.

Long pronto descubrió que no era necesario ningún patrón aprendido previamente para determinar que muchas mascotas sabían cuando sus dueños volverían a casa, y no solo del trabajo, o de cualquier sitio que no pudiese ser anticipado con cierto grado de precisión debido a la rutina.

Este tipo de comportamiento es una de las evidencias más contundentes en las que se apoyan los teóricos de la Telepatía Animal.

Hay casos —la mayoría, de hecho— en los que las mascotas pueden reaccionar ante el sonido de pasos familiares que se acercan a casa, e incluso del motor del vehículo de su amo al ser estacionado; pero lo cierto es que las mascotas reaccionan con el mismo porcentaje de eficacia cuando hablamos de personas que poseen trabajos con horarios totalmente irregulares: electricistas, paramédicos y conductores de taxis también son recibidos con anticipación por sus mascotas, independientemente de cual sea el horario de llegada.

En este contexto, se han hecho algunos experimentos realmente interesantes en los que otra persona conduce el automóvil del dueño, a la hora aproximada de su llegada a casa, y estaciona el vehículo en el mismo sitio de siempre. Menos del 20% de los perros y gatos reaccionaron como si efectivamente se tratara del regreso de sus dueños, aún cuando normalmente el sonido del motor aumenta sus niveles de ansiedad.

Ahora bien, la Telepatía Animal no se establece entre la mascota y todos los miembros de la familia humana que compartan el hogar con ella; sino que deben existir algunas circunstancias muy específicas para que ese lazo se establezca de forma fluida.

Curiosamente, el afecto no es, como podría pensarse, un factor decisivo. De hecho, una persona que no manifiesta en absoluto su afecto por el animal de la casa también puede establecer un vínculo telepático realmente fuerte con el animal.

Al parecer, existen ciertas afinidades entre humanos y animales domésticos que, por el momento, ningún estudio ha logrado revelar.

Los perros pueden pronosticar mucho mejor el arribo de su amo, pero son poco perceptivos ante la llegada de un visitante que no pertenezca al grupo familiar. Los gatos, por su parte, responden rápidamente ante el arribo inminente de cualquier visitante indeseable, en general, buscando previamente un escondite oscuro desde el cual observar cuidadosamente sus intenciones.

A pesar de sus diferencias, tanto los perros como los gatos pueden predecir con mucha eficacia cualquier tipo de desastre natural, y también eventos de menor impacto como tormentas, nevadas y heladas. Lamentablemente, la supuesta habilidad de los animales para saber cuándo ocurrirá un suceso climático peligroso ha sido ignorado por la ciencia occidental, probablemente porque su explicación desafiaría nuestra actual concepción de lo que significa un ser consciente.

Es importante mencionar que la Telepatía Animal es ligeramente diferente de la telepatía tradicional entre dos o más seres humanos.

En primer lugar, para nosotros podría tratarse de una segunda lengua, o lengua franca, mediante la cual podríamos emitir y recibir impulsos básicos. Los que defienden la teoría de la Telepatía Animal, por su parte, sostienen que esta es algo así como el lenguaje universal del reino animal, con diferentes dialectos para cada especie en particular.

La habilidad telepática, dentro de este esquema, es algo innato tanto en humanos como en animales para comunicarse con otros miembros de la misma especie, con la diferencia de que los humanos suprimen esta habilidad a medida que van desarrollando la capacidad de comunicarse verbalmente en la infancia.

Las mascotas, aunque domesticadas en muchos aspectos, todavía necesitan seguir comunicándose con sus pares a través de este medio; y precisamente por eso logran establecer un vínculo afectivo con los humanos con los cuales conviven, esencialmente sustitutos de otros miembros de la especie.

En estos términos, la Telepatía Animal, es decir, la comunicación telepática entre personas y animales, evidencia que todos los animales son seres conscientes que pueden manifestar sus propósitos, deseos, decisiones, estados de ánimo, frustraciones, e incluso una mirada particular sobre el mundo que los rodea.

En otras palabras, los define como individuos dentro de un colectivo, que algunos desaforados eruditos denominan almas grupales de los animales.

En términos más actuales, se habla de sentiencia, de sintiencia, o de inteligencia sentiente a la hora de hablar de los animales, es decir, de la capacidad de experimentar la subjetividad.

Esto significa que los animales tienen sus propios deseos y toman decisiones de acuerdo a su propia subjetividad, y la forma en la cual las comunican a sus pares, y a nosotros, cuando tenemos el orgullo y la responsabilidad de recibir su confianza, es a través de la Telepatía Animal.




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